Elegancia, linaje y poder en cuatro tiempos

“El caballo peruano de paso es el más suave del mundo. Y eso es una exquisitez, realmente.”

La frase no es un halago al azar. Es una declaración de identidad. Quien la pronuncia es Jorge Villacorta, ex presidente y actual directivo de la Asociación Nacional de Criadores y Propietarios del Caballo Peruano de Paso, y propietario del fundo “Lazcán”, uno de los más reconocidos del país. Su vínculo con esta raza trasciende la simple crianza: es una misión de preservación y legado.

—Para mí, el Caballo Peruano de Paso no es solo un ejemplar de equitación. Es cultura viva, un emblema de elegancia y tradición —afirma.

Este caballo no camina como los demás. No trota: flota. Su andar, conocido como paso llano, es una proeza biomecánica lateral, no diagonal. Mueve las extremidades del mismo lado en sincronía, incorpora una ligera suspensión entre pasos y genera una sensación de suavidad única.

“Es como ir flotando”, dice Villacorta, sintetizando en una imagen lo que miles de jinetes han sentido: comodidad, armonía y conexión.

El origen de esta raza se remonta a la llegada de los españoles al Perú. En ese intercambio de culturas, mestizaje y adaptación surgió un caballo extraordinario, capaz de conquistar los terrenos más duros sin sacrificar gracia ni resistencia. El paso llano se volvió su firma distintiva: un sello de identidad que ninguna otra raza reproduce con igual precisión.

Para Villacorta, montar uno de estos caballos no es solo trasladarse: es un acto de pertenencia. Es afirmar un estilo y un legado.

Su historia personal está profundamente entrelazada con esta tradición. Su familia, oriunda de Chota, Cajamarca, comenzó a criar estos caballos por necesidad, buscando animales fuertes para los duros caminos serranos. Con los años, la técnica se volvió arte. Hoy, Villacorta define al criador peruano como un “artesano de la genética”, alguien que combina conocimiento, intuición y paciencia para mantener viva esta joya.

El paso peruano no solo se monta: se celebra en la cultura. En la canción “José Antonio”, Chabuca Granda evoca al “bere-ber criollo”, aludiendo al linaje norteafricano del caballo andaluz, ancestro directo del paso peruano. Es un guiño a un linaje que conecta el norte de África, Europa y América en una sola estampa elegante.

Pero esta joya nacional enfrenta desafíos. Mientras Argentina o Chile cuentan con cientos de miles de caballos criollos, Perú cuenta con alrededor de 35 000 ejemplares, muchos de ellos criados para recorrer con solvencia los caminos serranos. Aun así, la raza ha cruzado fronteras y hoy se cría en 25 países. Argentina, Ecuador, Panamá y Estados Unidos encabezan la lista de criadores fuera del Perú, reforzando su imagen de linaje, lujo y distinción.

Para Villacorta, la tarea es clara: visibilidad y relato.

“No basta con criarlo”, afirma. “Hay que contarlo, mostrarlo y celebrarlo. Porque en su andar trota también nuestra historia, nuestra tierra, nuestro orgullo.”

Fuente

Jeannina Valenzuela