“No se trata solo de construir edificios, sino de construir futuros”
Proyectos que integran sostenibilidad, movilidad e impacto social desde una visión arquitectónica estructural
Yermys Peña
Cuando el desarrollo se piensa desde el propósito, la arquitectura trasciende el plano técnico para convertirse en una herramienta de transformación social, ambiental y económica. Esa es la premisa que impulsa a una de las líderes más influyentes en el sector de la construcción y el diseño en República Dominicana, cuya visión ha logrado articular innovación, sostenibilidad y legado.
Bajo su liderazgo, una firma con más de 60 años de historia como Construger ha evolucionado hacia una operación centrada en la eficiencia energética, la digitalización avanzada y la certificación internacional. Al mismo tiempo, desde Studio YP, su estudio de diseño, se crean espacios con intención narrativa y carácter emocional, concebidos para mejorar la calidad de vida urbana, posicionar marcas y provocar bienestar.
Para esta edición de Factor de Éxito, que examina la intersección entre infraestructura, movilidad y logística como motores del desarrollo caribeño, su propuesta arquitectónica cobra especial relevancia. Su trabajo plantea una infraestructura que no solo responde a criterios de funcionalidad, sino que conecta con las comunidades, activa el tejido urbano y aporta resiliencia climática. Proyectos como Eco 23 Residences lo demuestran: diseño urbano consciente, uso mixto, eficiencia energética, techos verdes y sistemas pasivos que alcanzan ahorros superiores al 30 % y valorizaciones por encima del 20 % del mercado.
La innovación tecnológica también ocupa un lugar central en su enfoque. Tecnologías como BIM e inteligencia artificial permiten modelar con precisión, optimizar procesos y anticipar conflictos. Pero más allá de lo técnico, su liderazgo humanista en un entorno tradicionalmente masculino se refleja en una cultura corporativa basada en la excelencia, la inclusión, la preparación continua y la claridad emocional.
Sustentada en principios personales como la honestidad, la disciplina y la coherencia, su filosofía empresarial transforma tanto a los equipos como a las ciudades. Una arquitecta que diseña desde la empatía, dirige con visión sistémica y construye futuros habitables para una región que necesita pensar desde su propia identidad tropical.

Usted ha liderado la transformación de Construger hacia una gestión más sostenible e innovadora. ¿Cuáles han sido los desafíos clave y cómo ha logrado armonizar la tradición con la visión de futuro?
Liderar la transformación de una empresa con más de 60 años de historia ha sido una de las tareas más profundas y desafiantes de mi carrera. Construger fue fundada en una época donde el objetivo era construir con solidez, rapidez y cumplimiento. Esa base nos ha dado reputación, pero hoy los desafíos son otros: resiliencia, eficiencia energética, digitalización, sostenibilidad real.
Lograr ese cambio requirió visión, pero también respeto. No podíamos borrar lo construido, teníamos que evolucionarlo. Y para eso, el apoyo de mi esposo y socio, Edmundo González, ha sido fundamental. Edmundo ha sido un catalizador de este cambio: comprometido, coherente y con una fe incansable en la excelencia. Lideramos juntos con una complementariedad que nos ha permitido transitar desde la tradición hacia la innovación con dignidad.
El mayor reto ha sido precisamente ese: transformar sin destruir. Porque en República Dominicana, diseñar edificios sostenibles ha sido durante años un acto de voluntad, no de normativa. Hoy, todas nuestras obras de desarrollo se diseñan bajo criterios de eficiencia energética.
Además, hemos ampliado la operación de la empresa a nuevos servicios como modelado BIM, dirección de proyectos para terceros, consultoría en certificaciones EDGE y LEED, y alianzas estratégicas con desarrolladores para proyectos llave en mano. Escalar el negocio ha sido un acto de enfoque, pero también de diversificación con sentido.
¿Qué papel juega la arquitectura en la construcción de una infraestructura que no solo sea funcional, sino también humana, inclusiva y resiliente?
La arquitectura no solo edifica: estructura relaciones, influye en la salud pública y modela el comportamiento colectivo. Un buen diseño puede reducir el estrés urbano, mejorar la productividad y fomentar cohesión social. Estudios como el de la Harvard T.H. Chan School of Public Health han demostrado que la calidad del entorno físico influye directamente en el bienestar mental y cognitivo de las personas.
Por eso insisto en que la infraestructura del futuro no puede ser únicamente funcional. Debe ser humana. En un Caribe vulnerable al cambio climático, necesitamos soluciones resilientes —sí—, pero también empáticas. Diseños que consideren a la persona con discapacidad, al niño en su trayecto escolar, al adulto mayor que busca sombra, al comerciante local que necesita flujo peatonal. Resiliencia sin humanidad no es progreso. Es resistencia vacía.
En un momento en que la República Dominicana impulsa megaproyectos estratégicos, ¿cómo se asegura de que sus propuestas arquitectónicas generen impacto positivo en el entorno y en las comunidades?
Para nosotros, el compromiso con las comunidades no es una estrategia. Es un principio fundacional.
Construger fue fundada en 1959. Bajo el liderazgo visionario de su fundador, el Sr. Agustín Germán, marcamos una diferencia que trascendió lo técnico. Durante décadas, Construger ha sido responsable de importantes obras de infraestructura que no solo conectaron territorios, sino que transformaron realidades sociales.
Hablo de vías que cambiaron la accesibilidad de comunidades completas, de puentes que conectaron regiones previamente aisladas, de acueductos que llevaron servicios básicos donde antes no llegaban. Muchos de esos proyectos no se hicieron con fines comerciales inmediatos, sino con un profundo sentido de propósito humano. Ese legado de servicio, de construir para elevar la calidad de vida, sigue siendo nuestro norte.
Hoy, 65 años después, esa misma filosofía guía nuestra operación, pero desde una mirada contemporánea. En lugar de solo conectar con asfalto, conectamos además a través de diseño urbano consciente, eficiencia energética, inclusión social y resiliencia climática.
Cuando concebimos un nuevo proyecto, evaluamos desde el inicio cómo esa intervención puede beneficiar al tejido urbano. ¿Cómo se integran las circulaciones peatonales? ¿Qué áreas verdes públicas podemos incorporar? ¿Qué soluciones aporta a la movilidad local? ¿Cómo optimizamos la luz solar, la ventilación cruzada, el arbolado perimetral?
La arquitectura del futuro —y del presente— ya no puede ser un objeto aislado. Cada edificio que diseñamos es un sistema vivo que influye en su entorno: puede activar el comercio local, puede mejorar la seguridad urbana, puede promover movilidad activa, puede incluso mitigar el efecto isla de calor si se proyecta con sensibilidad climática.
Estamos trabajando en propuestas que integran sensores de calidad del aire, captación de agua pluvial, materiales de baja huella de carbono, techos verdes, iluminación eficiente y espacios comunes diseñados para reforzar la convivencia y el sentido de comunidad.

Como fundadora de Studio YP, ¿qué distingue su enfoque de diseño y qué importancia tiene para usted crear espacios que “cuenten historias”?
En Studio YP nuestro enfoque es parte de una convicción clara: la arquitectura debe emocionar, posicionar y perdurar. Y eso solo se logra cuando el diseño tiene carácter, precisión y narrativa.
Cada uno de nuestros proyectos nace de una lectura profunda del contexto, del usuario y del propósito. No trabajamos desde fórmulas repetidas. Diseñamos con intención. Con lenguaje. Con personalidad. Nuestro estilo es limpio pero poderoso, tropical pero refinado, y siempre cargado de significado.
El resultado son espacios que no solo se habitan, se sienten. Que no solo se ven bien en plano, sino que generan atmósferas memorables: la luz entrando en el ángulo correcto, un umbral que marca el ritmo de la experiencia, un vacío que respira y ordena. Nada está puesto por accidente. Todo responde a un relato espacial.
Quienes diseñan con nosotros no solo obtienen un proyecto funcional o estético. Obtienen una herramienta estratégica de posicionamiento. Una declaración arquitectónica que eleva el valor del activo, conecta emocionalmente con el usuario y proyecta una visión clara del tipo de marca, producto o comunidad que se quiere construir.
Hemos trabajado con desarrolladores que buscaban diferenciarse en mercados saturados, con corporaciones que necesitaban aumentar productividad y conexión desde el espacio, y con comercios que querían que el entorno físico impulsara sus ventas y fortaleciera su identidad. Y lo hemos logrado. Porque entendemos que el diseño, cuando se hace bien, no solo suma. Multiplica.
Colaborar con Studio YP es mucho más que encargar un diseño. Es comprometerse con una visión de excelencia, originalidad y legado.
¿Cómo concilia su visión estética y creativa con los objetivos de sostenibilidad y rentabilidad que exigen los proyectos contemporáneos?
“Los mejores edificios son aquellos que permanecen, no porque envejecen, sino porque resuenan.” Lo dijo Renzo Piano, y lo vivimos en cada obra que une belleza con eficiencia.
Cuando la sostenibilidad se piensa desde el diseño inicial, no solo es compatible con la estética: la potencia. Según CBRE, los inmuebles sostenibles se arriendan un 20 % más rápido y a un 11 % por encima del mercado. En nuestros proyectos EDGE y LEED, como Eco 23 Residences, Vista 311 y Visions at Brickell en Miami, hemos logrado ahorros del 30 % en energía y más del 40 % en agua potable, mientras elevamos el valor de mercado hasta en un 22 %.
Cuando la sostenibilidad se aplica con inteligencia, se convierte en el nuevo lujo del desarrollo. La rentabilidad nace del diseño inteligente. No hay contradicción entre forma, fondo y futuro. Hay integración.
La innovación es parte esencial de su filosofía. ¿Qué tecnologías, metodologías o tendencias cree que están redefiniendo hoy el futuro de la arquitectura y la construcción en el Caribe?
Ya no diseñamos solos. Diseñamos junto a datos. La inteligencia artificial está transformando desde el modelado estructural hasta el análisis de confort y comportamiento humano. Pero el futuro no es solo digital: es estratégico.
Los desarrollos que intentan agradar a "todos" son los menos exitosos. El futuro está en la hipersegmentación: diseñar con precisión para audiencias concretas. Nosotros hemos apostado por tres verticales: arquitectura hotelera experiencial, espacios corporativos de alta eficiencia y viviendas resilientes adaptadas al trópico.
También analizamos el impacto social. La tecnología no puede avanzar sin incluir a la fuerza laboral. En una región donde gran parte de la construcción depende de mano de obra informal y haitiana, la automatización nos obliga a replantear la educación técnica, la contratación justa y la integración de nuevas competencias. La verdadera innovación no reemplaza personas. Las potencia.
Un elemento clave en esta evolución ha sido la implementación rigurosa de Building Information Modeling (BIM). BIM no es una herramienta, es una metodología que transforma la forma en que concebimos, proyectamos y ejecutamos. Nos permite anticipar conflictos, optimizar tiempos, reducir costos y generar modelos más colaborativos y transparentes. Con BIM, el diseño ya no es una interpretación subjetiva: es una construcción de precisión. Y eso se traduce en rentabilidad, calidad y confianza.
Como mujer en un sector tradicionalmente masculino, ¿cuál ha sido su mayor reto al liderar empresas de construcción y qué mensaje le daría a las nuevas generaciones de mujeres profesionales?
Uno de los mayores retos ha sido coordinar y alinear equipos multidisciplinarios en entornos donde la presión es alta, los márgenes son estrechos y los tiempos son inflexibles. La industria de la construcción combina perfiles muy diversos: ingenieros, arquitectos, obreros, técnicos, financieros, clientes… y lograr que todos remen hacia la misma dirección requiere una estructura sólida, una comunicación sin ambigüedades y una claridad constante en los objetivos.
Liderar empresas en este sector no es solo resolver lo técnico. Es anticipar conflictos, tomar decisiones con información incompleta, sostener una visión clara aun cuando el entorno cambia. Y eso implica tener la capacidad de establecer prioridades, delegar con inteligencia y saber cuándo avanzar y cuándo detenerse.
También ha sido un desafío sostener una cultura de excelencia sin caer en la rigidez. Exigir sin aplastar. Corregir sin desgastar. Inspirar sin necesidad de convencer. Porque en construcción, como en arquitectura, la forma importa, pero el fondo lo es todo.
A las nuevas generaciones les diría que este sector necesita líderes con criterio propio; la autenticidad es la clave. Que no tengan miedo de incomodar si eso significa elevar el estándar. Que aprendan a ver el proyecto completo: desde la primera reunión conceptual hasta el último detalle en obra. Y que entiendan que el verdadero liderazgo no se mide por la cantidad de obras construidas, sino por la calidad de las decisiones que dejan huella en otros.
En su experiencia internacional como conferencista, ¿qué lecciones ha recogido que puedan enriquecer el desarrollo urbano y logístico de la región?
Participar en foros internacionales como conferencista me ha permitido ver, con claridad, que las ciudades más avanzadas no son necesariamente las que tienen más recursos, sino las que piensan con mayor profundidad y actúan con coherencia. Desde Medellín hasta Ámsterdam, desde Singapur hasta Buenos Aires, lo que transforma no es la infraestructura en sí, sino la visión sistémica que la articula: transporte, vivienda, espacio público, resiliencia climática, tecnología y gobernanza trabajando como un solo cuerpo.
Esa visión integrada es lo que necesitamos impulsar en el Caribe. No podemos seguir fragmentando las decisiones urbanas. No podemos seguir improvisando planes a corto plazo sin pensar en el impacto a 20 años. Y mucho menos podemos replicar modelos extranjeros sin tropicalizarlos. La región tiene condiciones únicas: clima, escala, informalidad urbana, desafíos migratorios, vulnerabilidad ambiental... pero también tiene un capital humano creativo, una identidad urbana rica y un potencial geoestratégico extraordinario.
La clave está en diseñar desde la realidad, no desde la utopía. Y para eso necesitamos planificación territorial seria, datos abiertos, gestión del suelo más eficiente, marcos normativos actualizados y una conversación entre lo técnico y lo político que deje de estar desconectada.
En mi experiencia, cuando la arquitectura se conecta con la movilidad, con la logística y con las dinámicas socioeconómicas reales, se vuelve un catalizador de desarrollo, no solo un contenedor de funciones. He visto ciudades recuperar autoestima a través de un parque bien diseñado. He visto zonas de alto riesgo transformarse con soluciones tan simples como una escalera pública, una iluminación inteligente o una biblioteca en altura.
El Caribe puede —y debe— liderar el diseño de soluciones urbanas resilientes, escalables y auténticas. Pero para hacerlo, necesita dejar de pensarse como una región dependiente y comenzar a verse como un laboratorio tropical de innovación urbana con vocación exportadora.

¿Podría compartir un proyecto emblemático que represente su compromiso con el diseño responsable, la innovación y la conexión emocional con los usuarios?
Eco23 Residences es un proyecto que representa un antes y después. Una respuesta concreta —y medible— a una pregunta que muchos aún dudan en contestar: ¿es posible desarrollar en Santo Domingo con estándares internacionales de sostenibilidad, diseño emocional y eficiencia financiera?
Ubicado en una zona residencial consolidada, donde más del 90 % del tejido urbano es de uso habitacional tradicional, propusimos una tipología de uso mixto: viviendas contemporáneas, comercio de cercanía y espacios de encuentro diseñados con precisión climática y social. Fue un acto de diseño responsable, pero también de activismo urbano.
No queríamos “encajar”. Queríamos elevar el estándar sin romper la identidad del entorno. Por eso apostamos por fachadas ventiladas, ventilación cruzada natural, control solar pasivo, patios internos con vegetación tropical y materiales de bajo impacto ambiental. Y lo logramos con certificación EDGE y resultados reales: más del 30 % de ahorro energético, más del 40 % de ahorro hídrico y un 20 % por encima del valor de mercado en valorización proyectada.
Una de las decisiones más estratégicas fue la incorporación de espacios comerciales en la planta baja. Este componente de uso mixto no solo aporta comodidad y dinamismo urbano, sino que se integra de forma armónica al tejido residencial del sector. El comercio bien diseñado activa la vida peatonal, mejora la seguridad por ocupación continua y genera una relación más fluida entre la vivienda y la ciudad.
Pero el mayor logro no fue técnico. Fue humano. Eco23 Residences fue concebido para provocar bienestar, para generar una experiencia sensorial distinta: luz natural bien modulada, recorridos fluidos, materiales que envejecen con belleza y atmósferas que inspiran. Los espacios están pensados para sentirse, no solo para verse.
A nivel urbano, el proyecto elevó el estándar. No impuso escala, dialogó con ella. Demostró que la arquitectura tropical puede ser eficiente, estética y rentable al mismo tiempo.
Eco23 Residences es la prueba de que la buena arquitectura no se impone, se infiltra con elegancia. No ocupa espacio, transforma atmósferas. Y ese, para mí, es el tipo de proyecto que vale la pena construir.
¿Qué principios personales y humanos han guiado su liderazgo a lo largo de su trayectoria y cómo los incorpora en la cultura de sus empresas?
La cultura no es lo que una empresa dice que es. Es lo que la gente respira cuando cruza la puerta, lo que se transmite en una llamada bajo presión, lo que se vive en los detalles del día a día. En Construger y Studio YP, la cultura ha sido una construcción intencional y constante: una forma de trabajar, pero también de pensar, de cuidar, de exigir con criterio y de ejecutar con profundidad.
El liderazgo aquí no se define por cargos, sino por comportamiento. Cada integrante del equipo entiende que lo que hacemos tiene impacto, que la arquitectura no es neutral y que la manera de construir define también la manera de vivir. Por eso cultivamos un entorno de alta exigencia técnica, pero también de crecimiento personal, donde la preparación, el respeto por el tiempo, la proactividad y la claridad emocional son tan importantes como el conocimiento técnico.
No hay espacio para el caos normalizado, ni para la improvisación como estilo. Lo que se proyecta hacia afuera es reflejo de lo que se estructura adentro: procesos claros, estándares exigentes, comunicación directa, energía cuidada. En este modelo, la disciplina es vista como un acto de respeto y el rendimiento como un reflejo de propósito.
Mis principios personales —la disciplina, la honestidad y la claridad de propósito— son el fundamento invisible de todo lo que hacemos. No son discursos. Son prácticas vividas. Son decisiones coherentes que modelan, contagian y estructuran.
El equipo humano detrás de nuestras empresas es diverso, ambicioso y profundamente comprometido. Lo que los une no es una promesa de éxito rápido, sino una cultura que eleva, que desafía y que transforma. Personas que llegan con talento y encuentran estructura. Personas que llegan con pasión y encuentran dirección. Personas que se quedan porque aquí se crece de verdad.
En esencia, lo que hemos construido es un entorno donde la cultura precede al producto. Donde primero se diseña la forma de trabajar y luego se diseña lo que se entrega. Porque cuando la cultura es sólida, los resultados no son una meta. Son una consecuencia.