República Dominicana lidera la transición hacia un desarrollo sostenible

"Nos inspiran las personas. Cada vez que una comunidad remota accede al agua, una micro emprendedora adquiere herramientas para su empresa, o un municipio incorpora los Objetivos de Desarrollo Sostenible en su planificación, reafirmamos que el desarrollo sostenible no es una meta abstracta, sino una transformación tangible que se construye día a día."

                                                                                                                                  Ana María Díaz

                 

"La economía circular no solo se trata de proteger el medioambiente, sino de construir confianza, crear oportunidades y mejorar la calidad de vida, poniendo a las personas y sus derechos en el centro de las decisiones."

                                                                                                                                     Pierre Candelon

                                                                                                           

 

Con más de 25 años de experiencia en cooperación internacional en Europa, África y América Latina, Ana María Díaz llegó a República Dominicana hace poco más de un año con una misión clara: acompañar al país en su transición hacia un modelo de desarrollo que integre prosperidad económica y sostenibilidad ambiental. Como Representante Residente del PNUD, ha sido testigo del esfuerzo sostenido que realiza el país para avanzar hacia una gobernanza verde, desde el diseño de la taxonomía verde hasta la implementación de bonos verdes e incentivos para energías renovables. Su liderazgo se distingue por la construcción de puentes: entre el conocimiento global y las soluciones locales, entre el Estado y el sector privado, entre las metas climáticas y el bienestar de las personas.

Pierre Candelon, Oficial de Programas de Sostenibilidad Ambiental y Resiliencia del PNUD, complementa esta visión con su especialización en diplomacia ambiental y su experiencia asesorando a la delegación dominicana ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). 

Desde el PNUD, se centran en traducir los marcos internacionales de sostenibilidad en oportunidades tangibles para las empresas dominicanas, demostrando que las Soluciones Basadas en la Naturaleza no son solo una estrategia ambiental, sino una decisión empresarial inteligente. Desde el proyecto "Biodiversidad en Paisajes Productivos" hasta la Plataforma Multiactor Rescate Ozama, el PNUD ha acompañado a la República Dominicana con iniciativas que prueban que rentabilidad y resiliencia pueden avanzar juntas.

Estos ejemplos representan la visión estratégica y ejecución técnica que el PNUD aporta a República Dominicana. En esta entrevista exclusiva para Factor de Éxito, ambos líderes comparten su perspectiva sobre cómo la gobernanza verde está transformándose de aspiración a imperativo estratégico, y cómo las organizaciones dominicanas pueden aprovechar este momento histórico para posicionarse competitivamente en mercados globales mientras construyen un futuro más justo y sostenible.

Ana María, desde su llegada a República Dominicana hace poco más de un año, ¿cómo ha observado que la gobernanza verde está transformándose de una aspiración a un imperativo estratégico para las organizaciones dominicanas? ¿Qué rol puede jugar el PNUD en acelerar esta transición?

Ana María Díaz: Durante mi estancia en el país, he podido constatar el esfuerzo sostenido que está realizando la República Dominicana para avanzar hacia una gobernanza verde. Este compromiso se refleja por ejemplo en el diseño de la taxonomía verde, orientada a colocar a las personas en el centro del desarrollo y redirigir las finanzas hacia un modelo económico más sostenible y resiliente. A estos avances se suman los bonos verdes, o los incentivos para impulsar las energías renovables, entre otras iniciativas que fortalecen la transición hacia un futuro bajo en carbono y más justo para todas las personas.

En este contexto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), como agencia de desarrollo de la ONU, centra su mandato en trabajar con los países para que las personas tengan más posibilidades de disfrutar de un futuro más justo y sostenible. Como declara nuestro nuevo plan estratégico 2026-2029: "un futuro en el que ningún país tenga que elegir entre el desarrollo humano y la salud del planeta, en el que la prosperidad y la sostenibilidad avancen juntas sin dejar a nadie atrás."

Desde el PNUD, ponemos nuestras capacidades a disposición de los gobiernos y las naciones para impulsar acciones para enfrentar el cambio climático, fortalecer la resiliencia ante desastres naturales, y conservar los recursos naturales, siempre en coordinación con sector privado, academia, los distintos poderes del Estado, y todos los actores de la sociedad. También, nos ponemos a disposición de las instituciones nacionales para fomentar espacios de diálogo entre diversos actores del desarrollo humano. Con un enfoque multisectorial, trabajamos con los Gobiernos, la sociedad civil, las instituciones financieras y el sector privado, con el objetivo de invertir conjuntamente en acciones que promuevan la prosperidad y, al mismo tiempo, protejan el planeta.

¿Podría compartir cifras concretas sobre el impacto que las iniciativas de sostenibilidad apoyadas por el PNUD han generado en República Dominicana?

Actualmente, el PNUD colabora de manera integral en varias iniciativas clave que buscan fortalecer la conservación de la biodiversidad y promover el uso sostenible de los recursos naturales en República Dominicana. Por ejemplo, destacamos el apoyo a procesos estratégicos liderados por las entidades nacionales, como la actualización de la Estrategia Nacional de Biodiversidad y Plan de Acción, y la elaboración de su primer Plan de Financiación de la Biodiversidad (BIOFIN), a cargo del Ministerio de Medio Ambiente.

A través del proyecto para "la Gestión de la eliminación del Uso de los Hidro-Cloro-Fluoro-Carbonos (HCFC) en República Dominicana", bajo el liderazgo del Ministerio de Medio Ambiente, se logró alcanzar el objetivo de reducir el consumo de HCFC, una sustancia que agota la capa de ozono, en un 20.94% durante el periodo 2020-2024, al dejarse de consumir unas 584.76 toneladas métricas del total disponible para consumo.

Desde el año 2000 hasta la fecha, el PNUD ha apoyado la transformación de más de 100,000 hectáreas de tierras en cuencas altas, mediante la implementación de mejores prácticas de manejo, conservación y planificación, contribuyendo a la restauración de ecosistemas y a la seguridad hídrica. En el ámbito local, entre 2022 y 2025, el PNUD ha acompañado a más de 20 gobiernos locales en la elaboración de sus planes municipales de desarrollo.

Por más de tres décadas, el Programa de Pequeños Subsidios (PPS) del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y PNUD ha respaldado más de 500 iniciativas en 400 comunidades, beneficiando a más de 100,000 personas en áreas remotas donde no llegan los servicios básicos de manera efectiva. Solo en el ámbito de la producción de energía limpia mediante micro hidroeléctricas comunitarias, más de 100 comunidades y 5,000 hogares ya cuentan con acceso a energía renovable.

Con sus más de 25 años de experiencia en cooperación internacional, ¿qué modelos exitosos de colaboración público-privada en sostenibilidad podrían replicarse en el contexto dominicano para impulsar la economía circular?

En primer lugar, quiero destacar que el trabajo colaborativo es esencial para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030. Por eso, está contemplado como un objetivo en sí mismo, el ODS 17 "Alianzas para lograr los objetivos". Alcanzar una sostenibilidad real requiere de la colaboración entre los gobiernos, el sector privado, la academia y la sociedad civil.

Aunque no existen fórmulas mágicas, sí contamos con valiosas lecciones que podemos aprender de países que han avanzado en el camino hacia la sostenibilidad cuando trabajan de manera coordinada y en alianzas multisectoriales. La economía circular propone cerrar el ciclo de los materiales. A nivel global, el PNUD ha desarrollado la iniciativa "Plastics Offer" (Oferta para el Plástico) como una respuesta estratégica a la creciente crisis de contaminación plástica, abordándola desde una perspectiva de economía circular.

Con esta oferta, el PNUD propone una intervención integral que articula acciones en cuatro áreas clave: ciudades, donde se rediseña la gestión de residuos sólidos municipales; islas, que se transforman en territorios libres de residuos plásticos; océanos, donde se detiene la contaminación desde su origen; y comunidades humanas, donde se promueve el cambio de comportamiento hacia prácticas sostenibles.

El impacto de esta oferta ya se refleja en más de 121 proyectos de gestión de residuos sólidos, 27 proyectos específicos sobre plásticos en más de 20 países, y laboratorios de innovación en 14 países que desarrollan soluciones circulares. Algunos ejemplos de este impacto fueron recolectados en el primer informe global del 2024 sobre el apoyo de PNUD a la lucha de la contaminación por plásticos titulado: "Combatiendo la contaminación plástica para el desarrollo sostenible". En este documento, se identifican 12 países, entre ellos la República Dominicana, con proyectos colaborativos entre sector público y privado.

Cuando mira hacia el futuro de República Dominicana, ¿qué legado sostenible aspira a dejar durante su gestión? ¿Qué la motiva personalmente en este trabajo?

La República Dominicana es un país rico, por su gente, su calidez, sus paisajes y su tenacidad. Ha logrado avances significativos hacia el desarrollo humano sostenible, logrando un índice de desarrollo humano Alto, con compromisos sólidos con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y con un alto sentido de responsabilidad ambiental.

Nuestro compromiso es apoyar al país en la consolidación de una economía sostenible y circular, adaptada a los efectos del cambio climático, con instituciones públicas fortalecidas, comunidades empoderadas y territorios que integren la sostenibilidad en su planificación. Buscamos apoyar las capacidades de los gobiernos locales, colaborar con marcos normativos robustecidos, y apoyar herramientas de planificación innovadoras y alianzas multisectoriales que trasciendan los ciclos de cooperación.

Nos inspiran las personas. Cada vez que una comunidad remota accede al agua, una micro emprendedora adquiere herramientas para su empresa, o un municipio incorpora los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en su planificación, reafirmamos que el desarrollo sostenible no es una meta abstracta, sino una transformación tangible que se construye día a día.

Pierre, con su especialización en diplomacia ambiental, ¿cómo pueden las empresas dominicanas aprovechar los marcos internacionales de sostenibilidad para convertir sus políticas ESG en ventajas competitivas reales?

La diplomacia ambiental, en su esencia, no nace para generar ventajas comerciales, sino para proteger el bien común: el clima, la biodiversidad y los recursos que sostienen la vida y las economías. Justamente por eso, cuando los acuerdos internacionales se traducen en normas y estándares, con direcciones claras, se vuelven motores de transformación económica.

En la República Dominicana, estamos trabajando para que esa transformación también beneficie a las economías locales. Desde el PNUD, acompañamos al Gobierno y a las empresas en la adaptación de sus modelos de negocio a la nueva arquitectura global de sostenibilidad, ayudándolas a cumplir con estándares de carbono, trazabilidad o finanzas verdes, y a convertirlos en oportunidades reales de competitividad internacional.

Me refiero, por ejemplo, al estudio que realizamos en 2022 junto a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y los Ministerios de Medio Ambiente y Trabajo, sobre el potencial del país en empleos verdes y transición justa, que muestra cómo sectores como la agricultura, el turismo o la construcción pueden generar nuevos nichos de empleo si integran prácticas sostenibles. La meta no es solo "cumplir", sino alinear la rentabilidad con la resiliencia ambiental y social.

Con metodologías como "En Marcha" o los "Planes de Continuidad de Negocios", hemos apoyado a más de 300 empresas dominicanas a ser más fuertes económicamente, y a adaptarse al cambio climático. En ese sentido, la diplomacia ambiental busca acompañar, y no excluir, y asegurar que la transición hacia una economía verde sea inclusiva, competitiva y socialmente justa.

Usted ha trabajado extensamente con Soluciones Basadas en la Naturaleza. ¿Puede compartir ejemplos concretos de cómo estas soluciones se están traduciendo en oportunidades de negocio sostenibles en República Dominicana?

Las Soluciones Basadas en la Naturaleza (NbS) son hoy una de las herramientas más efectivas para conectar sostenibilidad ambiental con desarrollo económico. En República Dominicana, hemos comprobado que conservar ecosistemas productivos no es un lujo ambiental, sino una decisión empresarial y de política pública estratégica.

El proyecto "Biodiversidad en Paisajes Productivos" (BPP), que estamos implementando bajo el liderazgo del Ministerio de Medio Ambiente, con apoyo del GEF, es un ejemplo concreto. A través de prácticas agroforestales sostenibles en cacao y café —como la restauración de corredores biológicos y el manejo responsable de suelos y agua— se ha demostrado que la productividad agrícola y la conservación pueden avanzar de manera conjunta.

Herramientas como el Target Scenario Analysis (TSA), que compara escenarios sostenibles y escenarios tendenciales, permitieron cuantificar ese valor. En el caso del cacao, la inversión inicial necesaria para transformar el modelo productivo evita pérdidas, en casi el doble, en diez años y hasta cinco veces mayores en el largo plazo. En el café, el análisis mostró que una inversión moderada en renovación y buenas prácticas puede prevenir pérdidas equivalentes al costo total de las importaciones necesarias para cubrir la demanda nacional.

Las NbS generan resiliencia, reducen costos de riesgo climático y abren acceso a nuevos mercados y certificaciones. En última instancia, cada peso invertido en restauración o gestión sostenible genera beneficios múltiples —económicos, sociales y ecológicos— para las comunidades y el país.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan las empresas dominicanas para implementar economía circular en sus operaciones?

Uno de los mayores desafíos para avanzar hacia una economía circular es que aún predomina en las sociedades una lógica, y hábitos, lineales en la producción y el consumo: fabricar, usar y desechar. Esto se ve especialmente en el uso masivo de plásticos, donde una gran parte del material termina en vertederos o ecosistemas costeros en lugar de volver a la cadena productiva.

Por eso, el primer paso de la economía circular no es reciclar, sino reducir: repensar los procesos productivos, los materiales y los patrones de consumo para generar menos residuos desde el inicio. Solo después entran la reutilización y el reciclaje como parte de un ciclo más amplio de sostenibilidad.

También hay limitaciones estructurales, como la falta de infraestructura para el reciclaje y la valorización de residuos, y una baja trazabilidad a lo largo de las cadenas de suministro. Muchas empresas, sobre todo las pymes, carecen de información, recursos o capacidades técnicas para medir su huella ambiental o rediseñar sus procesos.

No obstante, el país ya está dando pasos firmes. A través del proyecto GEF "Soluciones circulares a la contaminación por plásticos", que implementaremos bajo el liderazgo del Ministerio de Medio Ambiente, se promueve la reducción, reutilización y reciclaje del plástico, fortaleciendo tanto la gobernanza como la participación empresarial. Con proyectos apoyados desde el PNUD, el país ha desempeñado un papel clave en la prevención de la contaminación plástica, logrando evitar que 310 toneladas de plástico lleguen al océano, por medio de estrategias integradoras de los principales actores en la gestión integral de residuos y la economía circular, como la Plataforma Multiactor Rescate Ozama.

También a través de campañas de concienciación, hemos involucrado a más de 30 comunidades y alcanzado a más de un millón de personas, promoviendo la reducción del uso de plásticos con iniciativas como "Voy con la Mia", junto a la Unión Europea. Mediante la Plataforma de Negocios Sostenibles, se han identificado nuevas oportunidades de inversión en economía circular, atrayendo más de 15 millones de dólares para iniciativas de reducción.

Desde su rol en el diseño y evaluación de políticas ambientales públicas, ¿qué elementos de gobernanza considera esenciales para que República Dominicana logre una transición efectiva hacia una economía verde?

Para que la República Dominicana avance hacia una economía verde que sea inclusiva, justa y competitiva, entiendo que el primer paso es fortalecer la gobernanza ambiental, entendida como la capacidad de coordinar al Estado, al sector privado y a la ciudadanía bajo una visión común de desarrollo sostenible. Esto requiere planificación a largo plazo basada en evidencia, donde las políticas ambientales, productivas y fiscales estén alineadas para atraer inversiones sostenibles.

También apoya tener instituciones con datos abiertos y mecanismos de rendición de cuentas, que fortalezcan la confianza y la participación. La coordinación interinstitucional es otro pilar clave: medio ambiente, agricultura, energía, industria y finanzas trabajando con metas compartidas y herramientas compatibles.

Desde el PNUD, hemos acompañado iniciativas gubernamentales en esta dirección, como la localización de los ODS, fortaleciendo la capacidad de los municipios para integrar criterios ambientales en su planificación, el apoyo al diseño de un sistema digital de transparencia climática, o la interconexión de datos entre los Ministerios de Ambiente y Agricultura para comparar áreas de conservación, y datos agroclimáticos, incluso las localizaciones de las fincas.

Además, es fundamental acompañar a los sectores productivos en la transformación de sus modelos de negocio, mediante plataformas público-privadas que faciliten financiamiento verde, innovación y acceso a mercados responsables. Finalmente, debemos valorar mejor nuestro capital natural —agua, suelos, biodiversidad— al tomar decisiones sobre proyectos o préstamos, de modo que el desarrollo económico vaya de la mano con la conservación.

Una economía verde no solo se trata de proteger el medioambiente, sino de construir confianza, crear oportunidades y mejorar la calidad de vida, poniendo a las personas y sus derechos en el centro de las decisiones.

El acompañamiento del PNUD a los esfuerzos de sostenibilidad de la República Dominicana es muestra del compromiso con apoyar al país hacia un futuro más sostenible y resiliente, sin dejar a nadie atrás.

Lo que distingue su enfoque es la convicción de que las personas deben estar en el centro de toda transformación. Cuando Díaz habla de comunidades remotas accediendo al agua o micro emprendedoras fortaleciendo sus negocios, y cuando Candelon explica cómo las Soluciones Basadas en la Naturaleza generan rentabilidad económica mientras protegen ecosistemas, ambos están trazando el mismo mensaje: el desarrollo sostenible no es una abstracción técnica, sino una realidad tangible que se construye con cada decisión, cada proyecto, cada alianza.

Sus logros —desde las más de 100,000 hectáreas de tierras transformadas hasta las 310 toneladas de plástico impedidas de llegar al océano, desde las más de 300 empresas fortalecidas hasta los 15 millones de dólares movilizados en inversiones verdes— no son solo cifras. Son la evidencia de que cuando se combina visión estratégica, conocimiento técnico y compromiso genuino con las personas, es posible diseñar políticas y proyectos que transforman realidades.

La gobernanza verde que promueven no es una imposición externa ni una moda corporativa. Es un modelo de desarrollo que reconoce que la prosperidad económica, la justicia social y la conservación ambiental no son objetivos contradictorios, sino dimensiones complementarias de un mismo proceso de transformación.

En un momento histórico donde la crisis climática exige respuestas urgentes y coordinadas, el trabajo de Díaz y Candelon demuestra que República Dominicana tiene la capacidad, el talento y el compromiso para liderar esta transición en la región. Su legado no se medirá solo en proyectos ejecutados, sino en las capacidades instaladas, las alianzas fortalecidas y, sobre todo, en las vidas mejoradas de las personas que son el centro y el propósito de todo desarrollo genuinamente sostenible.

  

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