Financiar energía solar donde más duele
“El propósito sin números no transforma; y los números sin propósito no trascienden.”
Valentina Salazar Choperena
Con poco más de 30 años y más de ocho años liderando proyectos solares en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, Valentina Salazar decidió que era momento de devolver ese conocimiento a la región. Así nació Griin: una compañía financiera de energía solar creada para derribar la mayor barrera de entrada a la transición energética en Latinoamérica, el financiamiento.
Desde Colombia y México, Valentina estructura modelos de suscripción y vehículos de deuda para empresas que pagan algunas de las tarifas eléctricas más altas del mundo, convirtiendo la energía solar en ahorro inmediato y competitividad. Reconocida como Mujer Solar del Año 2025, hoy encarna una nueva generación de liderazgo femenino que une ingeniería, datos y propósito. En esta entrevista, comparte cómo Griin busca escalar la generación distribuida con métricas claras, cultura liviana y una visión: que producir energía propia sea tan cotidiano como tener internet.
Griin nació con la idea de democratizar el acceso a la energía solar. Desde su experiencia técnica y humana, ¿cuál fue el punto de inflexión que le llevó a transformar un ideal en un modelo empresarial sostenible, y qué vacíos del mercado regional buscó llenar desde el inicio?
Griin nació de una mezcla de intuición, terquedad y una necesidad muy real que vi en mi propio país. Yo venía de trabajar en Europa y México, en empresas donde aprendí de ingeniería, de legal, de finanzas, de ventas, de equipo… y siempre me repetía que algún día todo ese conocimiento tenía que regresar a Colombia.
El punto de inflexión fue cuando empresas colombianas me empezaban a escribir por LinkedIn preguntándome cuándo iba a traer esos modelos de energía solar a Colombia. Yo nunca en mi vida había recibido tantos mensajes pidiendo algo tan concreto. Ahí entendí que no era solo una oportunidad de negocio: era una urgencia.
Y además, yo ya tenía marcada esa necesidad de hacer algo que trascendiera. Mi primer emprendimiento fue ABU, una empresa social dedicada a mejorar la calidad de vida de adultos mayores, inspirada en mi abuelo. No sobrevivió como negocio, pero me enseñó dos cosas: que los grandes problemas requieren modelos sostenibles… y que yo sí tenía la capacidad de construirlos.
Con Griin decidí llenar un vacío muy claro: en Latinoamérica no faltan ganas de adoptar energía solar; lo que falta es financiamiento accesible, simple y confiable. Ese fue el puente que quise construir desde el primer día: convertir lo que parece un lujo tecnológico en una herramienta de ahorro y competitividad para quienes más lo necesitan.
Griin combina ingeniería, financiamiento e inclusión energética. ¿Cómo logran equilibrar la rentabilidad con el propósito social, y qué indicadores concretos utilizan para medir el impacto ambiental y económico en las comunidades o empresas beneficiadas?
Para nosotros el propósito sin números no transforma; y los números sin propósito no trascienden, por lo que la rentabilidad y propósito no compiten, se potencian. La energía solar es un alivio para pymes y empresas industriales, pero también es un negocio estable cuando está bien estructurado. Griin justamente existe para lograr ese equilibrio: que el cliente ahorre desde el día uno, que el inversionista reciba retornos sostenibles y que la región avance hacia una matriz más limpia.
Medimos el impacto desde datos reales, no desde narrativas. Es decir, nuestros indicadores hablan de toneladas de CO₂ evitadas; ahorro económico total generado; porcentaje de reducción del OPEX energético para pymes; megavatios financiados en sectores históricamente excluidos del crédito tradicional; empleos directos e indirectos generados por cada proyecto… Y más allá de la métrica, vemos el impacto en los rostros: cuando un empresario te dice que gracias al ahorro puede contratar una persona más, o invertir en ampliar su bodega, ahí sabes que el impacto no solo se cuenta en toneladas de CO₂ o MWh.
Uno de los grandes retos del sector solar en Latinoamérica es el acceso a capital y la percepción de riesgo. ¿Qué innovaciones financieras está introduciendo Griin para acelerar la adopción de energía solar en pymes y sectores industriales intensivos en consumo energético?
Así es, el mayor freno en Latinoamérica no es la tecnología sino el financiamiento. Por eso en Griin estamos introduciendo modelos que quitan la barrera más grande: la inversión. Ofrecemos suscripciones de energía transparentes y accesibles, diseñadas específicamente para pymes y para industrias con consumos intensivos. En resumen: estamos “tropicalizando” el financiamiento para que deje de ser un obstáculo y se convierta en el motor de la transición.
Tenemos estructurados vehículos de deuda especializados en energía distribuida, algo casi inexistente en la región. Tenemos una plataforma que automatiza el due diligence de las empresas, basado en modelos de riesgo que entienden la realidad latinoamericana. Nuestro portafolio ha sido estructurado para disminuir riesgos individuales y atraer inversionistas institucionales. La clave ha sido demostrar que la energía solar no es “riesgosa”, sino predecible, estable y financieramente sólida cuando se estructura bien.
Trabajando entre Colombia y México, ¿qué diferencias encuentra en el desarrollo del mercado solar de ambos países —en términos regulatorios, financieros y de cultura empresarial— y cómo estas realidades moldean la estrategia de expansión de Griin?
Trabajar entre Colombia y México me ha enseñado que, aunque la tecnología es la misma, el mercado alrededor de ella funciona de formas muy distintas. México es un país enorme, con una industria solar muy madura y ligeramente mejores niveles de irradiación en algunas regiones; pero justamente por esa madurez también se ha vuelto un mercado muy competido, donde muchos jugadores han entrado a una carrera por precio que ha comprimido márgenes y ha hecho más difícil diferenciarse. Además, la energía está subsidiada, lo que reduce el ahorro inmediato para el cliente y exige propuestas de valor más completas para impulsar la adopción.
Colombia, en cambio, es un mercado más joven, con una de las energías más caras de Latinoamérica, con incentivos fiscales muy atractivos y con empresas que realmente necesitan alternativas para poder ser competitivas. Allí el impacto se siente desde el primer mes: un cliente colombiano nota la diferencia en su flujo de caja de manera inmediata. Son realidades distintas, pero con necesidades reales en ambos lados. En México la oportunidad está en elevar el estándar y competir desde la calidad y la estructura financiera, no desde el descuento.
En Colombia está en derribar la barrera del CAPEX y hacer que la energía limpia sea accesible para todos. En Griin no trasladamos una fórmula de un país al otro; adaptamos la estrategia entendiendo la cultura, el riesgo percibido y el ritmo de cada mercado. Creo que esa sensibilidad es lo que nos ha permitido crecer sin perder propósito.
Fue reconocida como Mujer Solar del Año 2025. ¿Qué representa para usted este reconocimiento en un sector históricamente masculino, y cómo está impulsando que más mujeres participen en la transformación energética de la región?
Para mí este reconocimiento fue un recordatorio de algo que repito mucho: somos pocas mujeres en la industria, pero estamos construyendo el puente para que vengan muchas más.
He pasado buena parte de mi carrera en salas llenas de hombres, donde tenía que demostrar que sí sabía, que sí podía, que no estaba ahí por casualidad. Pero también he tenido mentores, hombres y mujeres, que vieron en mí un potencial que yo misma no veía en ese momento. Y eso te cambia la vida.
Hoy me mueve retribuir eso: abrir puertas, acompañar, mostrar que sí se puede tener una carrera técnica, comercial, financiera… o todas al mismo tiempo. Ese premio no es mío: es de todas las que vienen detrás y necesitan ver referentes para animarse a dar el salto.
En un contexto donde los costos de la tecnología solar bajan rápidamente, ¿cuáles considera que son hoy los verdaderos cuellos de botella para escalar la generación distribuida en América Latina y qué papel juega la digitalización en esa expansión?
El mayor cuello de botella, diría yo, es la burocracia. Interconexiones lentas, trámites que cambian según la región y una falta generalizada de digitalización en los procesos. También hay un desfase entre la velocidad de la innovación tecnológica y la velocidad de los marcos regulatorios; la tecnología avanza todos los meses, pero la regulación sigue caminando a un ritmo muy distinto. Eso frena la inversión, porque nadie invierte donde no hay claridad.
A partir de ahí, aparece otro desafío igual de grande: la dificultad de conectar proyectos serios con capital que entienda el potencial real de la generación distribuida. Y es curioso, porque en la región hay empresas que necesitan urgentemente bajar su costo energético, hay tecnología madura y hay fondos buscando impactos tangibles, pero todavía cuesta alinear esos tres mundos en una misma dirección. Por eso la digitalización es clave: no solo para operar mejor, sino para dar datos, trazabilidad y certidumbre, que es lo que los inversionistas necesitan para entrar con fuerza. En Griin estamos obsesionados con eso: con convertir un proceso complejo en un modelo transparente y replicable, donde el cliente ve su ahorro y el fondo ve su retorno sin zonas grises.
Cuando logremos masificar esa confianza, con reglas claras, procesos ágiles y datos en tiempo real, la transición energética de América Latina va a despegar de verdad. Tenemos el potencial, la tecnología y la necesidad. Nuestra tarea ahora es crear la confianza necesaria para que el capital se dirija hacia los proyectos que transforman la región.
En Griin habla de construir “desde lo simple, lo humano y lo sostenible”. ¿Cómo se traduce esa filosofía en la cultura interna de la empresa, la gestión del talento y las decisiones de crecimiento?
En Griin lo simple, lo humano y lo sostenible también se reflejan en cómo construimos la empresa por dentro. Para mí, la cultura tiene que ver con formar un equipo pequeño pero extraordinario, donde cada persona mueve la aguja. No se trata de crecer en gente por crecer, sino de crecer en impacto, ingresos y tecnología. Queremos ser una compañía gigante en resultados, no en burocracia.
Por eso priorizamos automatizar procesos, invertir en herramientas que nos vuelvan más rápidos y precisos, y destinar la mayor parte del capital a proyectos que generen valor. Siento que esa simplicidad operativa nos permite mantenernos humanos: menos capas, más comunicación directa, más responsabilidad individual. Y también es sostenible, porque la estructura ligera nos hace más resilientes, más rentables y más enfocadas en lo que importa: ejecutar proyectos que cambian la matriz energética del país.
Si proyectamos la transición energética al 2030, ¿cuál es su visión del futuro energético de América Latina y qué papel aspira que juegue Griin en ese ecosistema? ¿Qué cambios estructurales cree imprescindibles para lograr una verdadera democratización de la energía limpia?
Al 2030 me imagino una América Latina donde generar tu propia energía sea tan natural como tener internet: cotidiano, accesible y parte del ADN de cualquier empresa. Cuando eso pase, la transición ya no será un discurso, sino una realidad vivida.
El papel de Griin es ser ese motor silencioso que lo habilita: el financiamiento que convierte un “algún día” en un “instalemos ya”. Para entonces habremos desplegado más de 100 millones de dólares, lideraremos el mercado colombiano, avanzando en Brasil y con la mira puesta en 1 GW en la región. Pero más allá de los megavatios, lo que queremos es algo simple: que miles de empresas puedan producir su propia energía sin miedo, sin barreras y sin complejidad.
Y para que la energía realmente se democratice, lo que hace falta es voluntad: de invertir, de innovar y de confiar en nuevos modelos. Cuando esa voluntad se activa, todo lo demás fluye. Nosotros estaremos ahí, empujando ese cambio.
Factores Claves de Valentina
- Financiamiento como puente: suscripciones de energía y vehículos de deuda especializados para generación distribuida en pymes e industrias intensivas en consumo.
- Impacto medido con datos: toneladas de CO₂ evitadas, reducción de OPEX energético, megavatios financiados y empleos generados por proyecto.
- Estrategia binacional diferenciada: en México, competir con calidad y estructura financiera; en Colombia, derribar la barrera del CAPEX en un contexto de energía cara.
- Meta 2030: desplegar más de 100 millones de dólares, alcanzar 1 GW en la región y hacer que generar energía propia sea tan cotidiano como conectarse a internet.
Desde la experiencia técnica y financiera acumulada entre Europa, México y Colombia, Valentina Salazar encarna un tipo de liderazgo que convierte la sostenibilidad en estructura, datos y decisión. Su propuesta no romantiza la transición energética: la financia, la automatiza y la vuelve accesible para empresas que necesitan sobrevivir en mercados cada vez más exigentes. Al poner el foco en pymes e industrias intensivas, Griin conecta métricas, tecnología y alivio real en caja. Si su visión de 2030 se concreta, la generación distribuida dejará de ser una promesa estratégica para convertirse en una práctica cotidiana, donde producir energía propia sea un derecho operativo y no un privilegio tecnológico.