“El futuro de la minería será más brillante cuando incluyamos a más mujeres en sus cimientos”

La minería es, sin duda, uno de los pilares económicos del Perú. Sin embargo, aún arrastra una pesada carga de desigualdad cuando se trata de la participación de las mujeres. La presencia femenina en este sector sigue siendo marginal, no por falta de capacidad o interés, sino por barreras estructurales y culturales profundamente arraigadas.
Según cifras actualizadas, solo el 7,5 % de la fuerza laboral minera en el país está compuesta por mujeres. Si bien representa un ligero avance frente al 6,5 % de hace once años, este crecimiento es mínimo, sobre todo si lo comparamos con nuestros vecinos. En Bolivia, la participación llega al 25 %; en Colombia, al 18 %; en México, al 17 %; y en Argentina, al 12 %. Frente a un promedio global de 11 %, Perú sigue rezagado.
El diagnóstico es claro: la minería peruana se encuentra al final de la tabla en cuanto a equidad de género en Latinoamérica. Y el problema no es únicamente numérico. Las mujeres ocupan solo el 11 % de los cargos de liderazgo y el 22 % de los puestos administrativos. En las áreas operativas y de planta, los porcentajes caen drásticamente: 5 % y 4 %, respectivamente. Estas cifras, recopiladas por Women in Mining Perú, muestran que el acceso a los espacios estratégicos y técnicos aún está marcado por la exclusión.
Lo más preocupante no es la falta de talento femenino, sino la falta de condiciones para que ese talento florezca. Porque sí, hay mujeres dispuestas, formadas y con experiencia. Actualmente, más de 3,000 profesionales están vinculadas a esta red en 15 regiones del país, muchas de ellas ingenieras, abogadas, administradoras o geólogas. Esta presencia demuestra que hay una fuerza laboral femenina disponible, activa y lista para asumir desafíos reales en el sector.
Además de visibilizar esta situación, la labor de organizaciones como WIM Perú ha sido clave para construir espacios de desarrollo profesional, liderazgo y mentoría. Su capacidad para generar datos concretos ha permitido dejar atrás la intuición o el discurso vacío y hablar con evidencia sobre las brechas que aún persisten.
Pero los esfuerzos aislados no bastan. El verdadero desafío está en lograr un cambio estructural en la industria: romper con los estereotipos que asocian la minería con lo exclusivamente masculino, eliminar barreras de ingreso y ascenso, y fomentar una cultura organizacional que entienda que la equidad no es una agenda “complementaria”, sino una condición indispensable para el desarrollo sostenible.
El futuro de la minería será más eficiente, innovador y justo si deja de girar en torno a un solo tipo de liderazgo. La diversidad de miradas es lo que permitirá al sector adaptarse a las nuevas exigencias sociales, ambientales y tecnológicas. Y para lograrlo, hay que empezar por reconocer que el talento no tiene género, pero las oportunidades sí siguen teniéndolo.