Fútbol con sentido: valores que forman personas
La formación de jóvenes futbolistas representa una oportunidad única para influir profundamente en el desarrollo social, cultural y humano de un país.
El fútbol va mucho más allá de la técnica y la competencia: es la base para educar en valores y construir identidad. En contextos en desarrollo, su mayor potencial está en guiar a los jóvenes hacia una comprensión del juego que combine talento, disciplina y sentido colectivo. La clave está en un proceso que integre metodología, libertad y crecimiento humano, priorizando el aprendizaje, el respeto y la evolución constante.
Formar futbolistas es, en esencia, formar personas. Para conocer más sobre esta visión, Factor de Éxito entrevistó a Facundo Alvanezzi, formador de jóvenes futbolistas con una amplia experiencia internacional, cuya filosofía trasciende el entrenamiento y se instala en el terreno de la educación y los valores.
Su propuesta, especialmente pensada para países en desarrollo como la República Dominicana, pone el foco en respetar la identidad cultural mientras se potencia el talento natural. Para Alvanezzi, el verdadero desafío no es solo formar buenos futbolistas, sino acompañar a jóvenes en el camino de convertirse en personas íntegras, capaces de crecer dentro y fuera del campo.
"Todo país social y culturalmente en vías de desarrollo, como República Dominicana, solo puede crecer y educarse a través de generaciones que evolucionan en el pensamiento altruista como vértice de su cultura en general, y de la solidaridad hacia el mundo como fin", agregó.

Como formador de jóvenes futbolistas, usted ha vivido experiencias en distintos países. ¿Qué aprendizajes de esas culturas le gustaría traer o adaptar a un proyecto en República Dominicana?
Siendo un formador de jóvenes futbolistas con experiencias emocionales y deportivas de un calibre superlativo, fui moldeando mi estructura cultural y social en un sentido cosmopolita de gran impacto.
Ello me enseñó mesuradamente a contemplar el actuar de la sociedad evolucionada, en un todo aleccionador. El aprendizaje es exquisito en el prisma desde donde se le observe y, compartirlo es una elección de vida para mí.
Para adaptarlo a un proyecto en República Dominicana, sería distinguido cultivar los valores y obligaciones que culturas diferentes nos aportan.
Yo compartiría sobremanera el trabajo en equipo como valor supremo, el respeto por las ideas diferentes, el orden y la planificación a largo plazo, la dedicación metodológica para instrumentar el conocimiento activo, el valor que le dan a la diversidad del pensamiento ajeno, al cuidado de la imagen y un vocabulario distinguido, a la búsqueda de la excelencia en pos del crecimiento compartido, a intercambiar experiencias y conocimientos con un grado de camaradería que destaca, a planificar una forma de vivir y de jugar, y a todo un bagaje intelectual para interactuar con el mundo que nos circunda y exige, para estar en la élite de la educación como herramienta de aprendizaje universal.

¿Cuál es su visión para la formación de jóvenes en la República Dominicana? ¿Qué la haría distintiva?
Mi visión global por camino desandado con mucha observación aguda y detallada sería que, para un país emergente y destacado como República Dominicana, la formación de los jóvenes futbolistas extraiga desde la concepción de la técnica depurada y el juego en libertad, las opciones plurales de un conocimiento del fútbol integral, respetando los ciclos didácticos de oro.
Para ello, es fundamental implementar un conocimiento profundo y lúdico que haría distintivo y distinguido el aprendizaje formativo. Allí realizaría un orgánico educado entre el formador y los jugadores con un lenguaje pulcro y educado para aprender en base al error.
El mismo es estimulante para avanzar sin condicionamiento en un tiempo indefinido, cuidando los valores propedéuticos de la técnica con la pelota como instrumento de jerarquía absoluta, aplicando los manejos al piso sin cobrar altura, aprendiendo en modo autónomo y por etapas, aceptando que los gestos motrices se cultivan para activar los músculos que la mente va autorizando, que la cultura de nuestro continente es inigualable, que los tiempos de espera sean lentos y progresivos, que los crecimientos individuales hagan a un equipo jugar colectivamente en modo majestuoso, y todo un entramado dentro de la formación con la pelota como eje silvestre de un sinfín de estímulos creativos para desarrollar habilidades como la gambeta, recurso de primera opción para imponerse a sí mismo y los rivales de turno.
Pensando en su posible proyecto de academia en República Dominicana, ¿qué tipo de ambiente deportivo considera fundamental crear para potenciar tanto el talento como el carácter de los jóvenes?
El ambiente en una academia formativa debe ser afable y rico en afectos. Los recursos humanos serán imprescindibles para destacar rápidamente cómo implementar la labor educadamente y a conciencia. Todo país social y culturalmente en vías de desarrollo, como República Dominicana, solo puede crecer y educarse a través de generaciones que evolucionan en el pensamiento altruista como vértice de su cultura en general, y de la solidaridad hacia el mundo como fin.
Ello, por mi experiencia instructiva de tantos años, me autoriza a exponer que, para potenciar el talento, sobre todo en un país en vías de desarrollo, es de vital importancia de vértice, aterrizar con las ideas y un conocimiento profundo, diferenciando las edades y los instintos naturales de un jugador para potenciar en el tiempo "el talento natural". Sin desnaturalizar el origen, en este caso centroamericano, conservando su cultura y velocidades de interpretaciones para vivir, entrenar y jugar compitiendo en modo autónomo y jerárquico.
A lo largo de su carrera, ¿hubo algún momento o decisión que haya redefinido su manera de entender y aplicar la formación deportiva?
A lo largo de mi carrera fui redescubriendo, edificando y consolidando mi origen sudamericano de barrio y potrero, y de élite en mi estadía en Europa, sofisticando mi intelecto.
Allí, mi sentido de pertenencia irreemplazable para comprender y situarme entre el juego de calle y el juego de élite mundial me permitió realizarme y transmitir a los jóvenes talentos, sin condicionar sus orígenes disímiles, una enseñanza maestra basada en el aprendizaje sistemático que muta permanentemente en pos de la evolución personal.
Mi manera de entender y aplicar la formación deportiva pasa por evolucionar en mi cultura individual para estimular a los jóvenes jugadores a creer en sí mismos. Comparto la idea de que formar es para muy pocos (por el gran conocimiento que se debe tener), mientras que entrenar, ¡¡¡podemos hacerlo todos!!!
Soy de dar mucha libertad para jugar y para vivir, comprendiendo que los límites son personales para crecer como seres irreemplazables.
Hoy, con su trayectoria y experiencia acumulada, ¿qué cosas prioriza al momento de trabajar con un jugador que antes quizás no tenía tan en cuenta?
Hoy, con una experiencia exponencial a nivel internacional, priorizo la calidad y calidez humana para proponer una enseñanza afectiva muy cercana al jugador. Ello me posiciona para educar con la pelota, teniendo ascendencia directa con los jóvenes para hacer docencia desde la decencia.
Para mí, la educación y los valores humanos son irreemplazables y desde allí, vislumbro una plataforma de recursos ilimitados para formar. Me fui dando cuenta con el correr de los años de que, para tener grandes futbolistas, deben ser primero grandes personas.
Recorriendo el mundo, extraje connotaciones mayúsculas en clubes como el Basilea FC, Barcelona FC, Bayer Múnich, Sevilla FC, Sochaux FC, Zenit de San Petersburgo, Milán e Inter FC y un largo etcétera, que cristalizaron una formación inigualable a la hora de colocarme delante de un grupo.
Que al momento de entrenar puedo recurrir a una enseñanza plural y de excelencia por conocimientos vivenciados.
Aquí desarrollo la técnica de manejos con la pelota individual y colectiva, los controles orientados de recepción y continuidad, los pases de calidad por sobre la fuerza, las habilidades creativas en expansión, la coordinación mediante el juego combinado, la valoración del error como aprendizaje hacia el acierto futuro, la motricidad fina que afina los aspectos cognitivos, la orientación en amplitud y profundidad, y todo un réquiem futbolero de excelencia para jugar en libertad.
¿Qué enseñanza le gustaría que todo joven que pase por sus manos se lleve consigo, incluso si no llega al fútbol profesional?
Las enseñanzas de jerarquía absoluta que deseo se lleven de mí los jóvenes son el recuerdo aproximado de ser un maestro para la vida y un formador para el juego. Soy un acaudalado receptor de humanidades todas diferentes para un bien en común: lograr personas educadas para vivir, relacionarse y jugar.
Aquí encuentro amparo en el recuerdo masivo desde todos los lugares del mundo donde impartí la docencia con jugadores en muchos casos encumbrados y la gran mayoría, anónimos ciudadanos de buen obrar mundial.
Es mi deseo ser respetado y no prestigioso. Educado y no premiado. Recordado y no famoso. Y lo más importante para mí, honesto conmigo mismo, entendiendo que para recibir, debo dar en calidad y cantidad generacional.
Todo país social y culturalmente en vías de desarrollo, como República Dominicana, solo puede crecer y educarse a través de generaciones que evolucionan en el pensamiento altruista como vértice de su cultura en general, y de la solidaridad hacia el mundo como fin.
En contextos como el de la República Dominicana, donde el potencial es tan amplio como diverso, este enfoque es aún más importante. Para Facundo, formar desde la identidad, respetando los tiempos y potenciando el talento natural, se convierte en una oportunidad real de crecimiento colectivo. Porque, al final del camino, el verdadero éxito no se mide solo en goles o victorias, sino en la capacidad de formar personas íntegras, preparadas para vivir, convivir y dejar huella.